viernes, 30 de mayo de 2008

Bogotá

Finalmente me tocó un viaje al terruño de las cumbias y del oro. Un sitio hermoso de Latinoamérica, plagado de auténtico arte sudamericano, donde podremos contar a la música como uno de los elementos más característicos del lugar; pero cuyas comidas típicas, acentos regionales, bellos paisajes, y por supuesto su bellísimo arte indígena, nos dejan ese sabor tan recordable al volvernos a casa.

El viaje fue por dos semanas. Me tocó esta vez vivir la experiencia con Patricio, el gerente del área de proyectos de la empresa, y quien dirigía esta implementación.La salida se demoró bastante, hubo retraso en el aeropuerto por problemas meteorológicos, lo que nos obligó a esperar arriba del avión por casi una hora y media. Luego de la dulce espera, pudimos emprender el viaje, con un día bastante lindo, atravesando medio continente para llegar a las tierras caribeñas.

Bogotá, en mi opinión, es una ciudad que merece ser visitada. Tiene un don que encanta a los turistas, nos muestra una típica ciudad centroamericana, sin escapar de ese aire de metrópolis que caracteriza a las ciudades superpobladas, donde los estilos porteños a los que estamos acostumbrados (tan europeos…) son inexistentes. Algo digno de ver es ese estilo monopólico de construcción que tienen los edificios, en donde predominan unos prolijos ladrillos a la vista, y mucho color natural. El atractivo principal de la ciudad es que está construida a 2600 metros de altura, sobre la misma cordillera de los Andes; algo que para nosotros los pampeanos, resulta todo un reto.El centro de Bogotá tiene un estilo netamente colonial, donde las casas conservan su arquitectura después de tantos años, y predominan los colores vivos (que lindos amarillos!!). Al acercarse al sector moderno de la ciudad, podremos ver que ese estilo comienza a desaparecer, y los edificios altos intentan escalar aún más, esto es inevitable en toda ciudad que se jacte de semejante cantidad de habitantes.


Nuestra primera semana de trabajo fue más que positiva, a pesar de un pequeño inconveniente que tuvimos el viernes, pudimos cerrar la agenda de esa semana sin dejar pendientes. Ese fin de semana lo aprovechamos al máximo; el sábado fuimos a recorrer el centro de Bogotá, el museo del oro, algún que otro shopping, y hasta una exposición de Fernando Botero. Y a la noche pudimos recorrer la famosa zona “T”.



El domingo fue el día más espectacular de todos, donde tuvimos la oportunidad de visitar el pueblo de Zipaquirá, y su mina de sal, que alberga una catedral…
La historia de esta catedral está atada a la mina. La “Catedral de Sal” se considera como la primera maravilla de Colombia, y creo que merece dicho honor. De más está decir que cualquier descripción que intente dar al respecto, se quedará corta… las imágenes hablan por sí mismas.
Hay muchas curiosidades en Bogotá; Colombia es un país que ha pasado por mucho sufrimiento, y que lamentablemente aún lo está viviendo, con tantos conflictos bélicos y sociales, uno supone que la situación no puede ser demasiado buena para la capital en sí; pero nada mas lejos de la verdad; tengo que decir que me sorprendió enormemente el estado general de la economía. Los shopping muestran tecnología de última generación al alcance de la clase media, los autos (carros) circulan por la calle por millones, y en general se encuentran modelos muy nuevos. La gente se adapta a todo, y en Bogotá pude hablar con bastantes personas, que en general sacaban las mismas conclusiones: se puede seguir adelante, aún teniendo problemas de este tipo.
Hay miles de detalles más que me encantaría contar, pero no todos son positivos; a pesar de lo comentado en el párrafo anterior, tengo que agregar que si bien la clase media es fuerte, esto no quita que haya mucha pobreza. Supongo que ningún pueblo sudamericano escapa de eso.
Espero hayan disfrutado de estas líneas. Ciertamente recomiendo ir a Bogotá, solo tengan cuidado con los taxistas, que son muy poco responsables al volante!