lunes, 23 de junio de 2008

Enry

La semana pasada pude tomarme unas mini vacaciones, necesitaba desenchufarme un poco de algunos mambos personales, y también descansar de esta primera mitad del año. Mi plan era subir a la montaña, un fantástico lugar ubicado al oeste de la provincia de córdoba, y utilizando como punto de partida un pueblito delicioso llamado “Los Hornillos”. Mi única experiencia hasta este momento había sido el ascenso a un cerro de menor altitud, acompañado por un grupo de gente bastante divertida, pero fue más un paseo que un ascenso, subimos a la mañana, y a la tarde ya estábamos de vuelta. Esta vez tenía como meta llegar a la cima, y mi primer obstáculo fue la fecha… ningún guía de la zona se presta a subir a la cima de la montaña en pleno invierno, con temperaturas que superan los 15 grados bajo cero, y además pasar una noche allí… Así que tuve mucha suerte en conocer a Enry.
Enry es un hombre de 60 años, pero con una experiencia de vida que podría llevar un hombre de 100 años. Ya lo había conocido en el verano, mi mama me lo presento en esa oportunidad, y hasta pude ir a visitarlo a su casa. Carpintero de alma, heredado de un largo linaje de carpinteros, considerado mas un artista que un simple obrero de la madera, es capaz de crear verdaderas obras de arte con sus manos. Un hombre que ha recorrido el mundo, nacido en Uruguay, pero que vivió en Brasil, y por supuesto en Argentina. Con una moto recorrió miles de kilómetros entre los años 60 y 70. Recogió historias divertidas y también historias tristes. Luego tuvo a su familia, 5 hijos, de los cuales lamentablemente perdió a uno. Su matrimonio no funcionó, y hace ya muchos años se mudó a un lugar remoto, al pie de la montaña, sin luz, ni gas, ni teléfono, donde posee 13 hectáreas de terreno, y vive solo. Un hombre con mucha cultura, conocedor de la naturaleza, al punto de reconocer cada insecto, cada planta, cada roca que encuentra. Enry conoce la montaña, la recorrió miles de veces, y se sabe cada recoveco; aunque cada vez que sube, encuentra algo nuevo. Para él no hay diferencia entre el verano y el invierno, lluvia o nieve, sol o nubes; con solo pedírselo, Enry se carga su mochila al hombro, y comienza el ascenso. Enry conoce la montaña, y la montaña conoce a Enry.


El día estaba difícil, las nubes cubrían la montaña de una forma intimidante… a decir verdad, me dio un poco de miedo, ya venía sintiendo mucho frío al asomarme al pie de la montaña, pero Enry me tranquilizó con algunas palabras… “una vez que pasemos las nubes, ya pasa”. Así que el objetivo número uno, era el de lograr pasar las nubes antes de que se desatara una tormenta. El objetivo número “cero” era el de llegar a la cima, claro está.

La caminata arrancó tranquila, la cosa se iba poniendo cada vez mas empinada, y los descansos se requerían con frecuencia. Es interesante ver como los rastros humanos van desapareciendo a medida que uno sube. Entrando a la montaña en sí, ya solo se ven rastros de paisanos baqueanos, que pasan cada cierto tiempo arreando animales. Pudimos cruzarnos con algunos ranchos abandonados, de más de 200 años de antigüedad. Con el paso de las horas, nos íbamos acercando al techo de nubes, que tanto amenazaba desde arriba, pero que a medida que nos acercábamos, se iba haciendo menos tenebroso. Ya a esa altura, se podían divisar vestigios aborígenes comechingones, algunos morteros y piedras pulidas. El cansancio nos obligó a parar en el medio de las nubes, casualmente en un bosque de tabaquillos (una especie de árbol que solo crece en esta región, a partir de cierta altura), donde pudimos almorzar un asado y aprovechar del fueguito para calentar las manos congeladas.

Luego de una hora de descanso, continuamos la travesía hacia el someto. A partir de ese momento, dimos con la primera huella de nuestro amigo, que luego nos acompañaría durante todo el viaje; un puma local que nos llevaba unas horas de ventaja. Pude ver la sonrisa de Enry cuando divisó la primera huella, el había visto varios pumas ya, aunque nunca había podido fotografiar a ninguno (por no tener cámara), pero ahora yo llevaba a Sakura, mi “Rembrandt personal”. Así que nuestro objetivo número “dos” era el de fotografiar un puma.
Atravesar las nubes fue la parte más dura; el viento helado quemaba mis labios, y el camino se hacía cada vez más difícil.
Varias horas de ascenso en medio de la bruma valieron la pena. Pocas veces pude ver espectáculos tan maravillosos como este. Ya estaba acostumbrado a verlo desde un avión, pero es tan artificial que no deja siquiera fotografiarse decentemente. Pero aquí pude vivirlo… pude “caminar” arriba de las nubes, y ver el mar de vapor desde la ventana…
El frio era cada vez mas intenso, pero ya no había humedad, y el viento se calmaba bastante, además de tener ahora al sol iluminándolo todo. Completar el ascenso luego de pasar las nubes llevó un par de horas más. La ventana… nombre del cerro recorrido, nos dio la oportunidad de acercarnos a la naturaleza perdida… avistamos cóndores, liebres, y las huellas de nuestro amigo se hacían cada vez mas cercanas.

El sol estaba por caer, y Enry sugirió una cueva aborigen de unos mil años de antigüedad. Esta cueva deja ver vestigios milenarios, con adornos en sus paredes (petroglifos). Yo la llamo “la cueva de Enry”.
Al caer el sol la temperatura descendió salvajemente, pudimos calcular los 17 grados bajo cero, y gracias a nuestro equipo de montaña la pudimos sobrevivir (buenas bolsas de dormir, y la indumentaria adecuada).
La noche helada pasó rápido gracias a las historias de Enry, que mientras avivaba la fogata, no paraba de contarme sus vivencias.
A la mañana siguiente, todas las vertientes estaban completamente congeladas, y escuchamos algunos movimientos que parecían ser de nuestro amigo el puma. Lamentablemente para nosotros, el animal no se quiso acercar lo suficiente, y nos quedamos sin la fotografía. El objetivo del día fue recorrer el filo de la montaña. Lo que se denomina “Pampa de Achala”, que cubre muchos kilómetros de llano rocosos, cubierto de animales de montaña; pumas, zorros, liebres, cóndores, águilas, jotes, vizcachas, serpientes, escorpiones, arañas, etc. Afortunadamente para nosotros, el invierno aleja a las serpientes lo suficiente como para no hacerse problema (hay corales, yararás y cascabeles… todas muy venenosas).
Luego de recorrer mas de 20 kilómetros de montaña, mi cuerpo comenzó a debilitarse, y el aire comenzó a faltar. Afortunadamente Enry venía preparado para este tipo de situaciones, y sacó de su mochila unas hojas de coca que tuve que poner dentro de mi boca. Al cabo de unos 15 minutos, el cuerpo comenzó a responder nuevamente!.
Encontramos una tumba comechingona de varios siglos de antigüedad, y unos vestigios en cuarzo. Un cuchillo aborigen tallado en cuarzo llamó mi atención, sin saber exactamente su antigüedad, puedo deducir que tiene no menos de 500 años, y me lo traje como un recuerdo de esta experiencia tan maravillosa.

Almorzamos al mediodía en la cueva, y luego emprendimos el regreso.
El descenso fue bien difícil, el trabajo de piernas es bastante sacrificado, y para colmo nos equivocamos dos veces de camino, lo que nos obligó a caminar de más. Así y todo el descenso se realiza mucho mas rápido, lo que nos llevó casi 12 horas el día anterior, nos llevó unas 6 horas esta vez.
La experiencia fue agotadora, sobre todo por el frío, pero es algo que no voy a olvidar jamás. Este año tengo planeadas algunas aventuras más, pero ninguna tan extrema como esta. Algún día tal vez me anime al Aconcagua…
Me despido con una foto muy bonita que tomé desde la cima de la montaña, arriba de la tormenta, arriba de las nubes, la lluvia, y detras de tantas horas de ascenso, soportando el frío y el cansansio, está siempre el sol...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ezequiel estoy muy orgullosa de vos. Muy bueno tu blog. Te mando un beso grande.

Cuando puedas escribime, por favor.
LILI.

Ezequiel Ruiz dijo...

Hola!, gracias por el comentario! Te escribiria pero primero decime quien sos! Sos Lilian? no tengo tu mail me parece!

Anónimo dijo...

Hola nuevamente Ezequiel, si soy Lilian, por favor cuando puedas escribime te dejo mi mail es nataliamartinez80@hotmail.com, besos.

Anónimo dijo...

Muy linda foto la del sol, como ya te dije...y si, es para no cambiar por ninguna otra :)

Besos!
Magui ;)

Anónimo dijo...

Lo vi a mi papa. Mirna